Midorexia: El Pánico a Parecer “Viejo"

La valentía no reside en parecer joven, sino en vivir cada edad con la dignidad, el humor y la presencia que definen un alma libre.

BELLEZA Y ESTÉTICA EN LA SEGUNDA MITAD DE LA VIDA

Carmen Núñez Cuenca

11/30/2025

midorexia
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Es la mujer o el hombre que, con terror gélido en los ojos, se lanza a maratones sin haber corrido jamás o se somete a un rigor físico que solo busca demostrar al mundo que ha vencido al tiempo. Lo que presenciamos no es el vigor del espíritu, sino la tragedia de una era que ha declarado la guerra a la propia realidad y ha sustituido la madurez por un simulacro de eterna juventud.

Esta obsesión, sin embargo, no es solo estética; es eminentemente existencial. Vivimos en una cultura que castiga la edad, que nos exige productividad y juventud como únicas credenciales de valor. Fingir juventud agota, y fingir que no pasa nada, cansa. La verdadera vitalidad no está en el patinete, sino en aceptar el cuerpo con sus cicatrices, como ese territorio conquistado que tú, lector, también habitas.

Así que la próxima vez que observes este frenesí, recuerda: la valentía no reside en parecer joven, sino en vivir cada edad con la dignidad, el humor y la presencia que definen un alma libre.

Cumplir cincuenta años no garantiza la aceptación; a menudo, marca el inicio de un proceso complejo. Envejecer no es rendirse, sino aprender a habitar el cuerpo con dignidad, sus marcas, sus ritmos y sus irremediables imperfecciones. Pero no todos logran abrazar esta sabiduría; algunos, atemorizados, combaten la edad con una urgencia febril.

La nueva histeria cultural tiene un nombre que resuena a pánico: Midorexia. Este no es un síntoma de vitalidad, sino la manifestación de una profunda negación existencial ante el almanaque. ¿Cómo se revela esta patología social? Se vislumbra en el gasto desaforado en tratamientos de medicina estética súper caros, donde la vanidad se convierte en una inversión de alto riesgo. Observamos la desesperación en las cirugías imposibles que mudan la expresión genuina del rostro, borrando la historia personal en favor de un ideal liso y anónimo.